VÁLIDO O NO VÁLIDO

08/02/2013
Por

Un certificado… un título universitario… ¿Nos hacen estos papeles más inteligentes? ¿Nos ayudan a desempeñar mejor nuestro trabajo? ¿Nos creemos superiores a los demás por poseerlos? Parece ser que, en la actualidad, sin uno de estos papeles no somos nadie, y estamos completamente equivocados. Cada uno de nosotros tiene un don, una habilidad innata para desempeñar ciertas tareas. Hay personas que nacen con un oído privilegiado, y sin tan siquiera tener conocimientos de música, te deleitan con un instrumento en la mano. Hay personas que aprenden idiomas tan sólo escuchando, y otras que por los conocimientos que tienen sobre el comportamiento humano de su día a día, podrían ejercer como psiquiatras, igual o mejor que cualquier persona con titulación universitaria. La verdad de todo esto es que hay personas que nacen con una vocación, que son constantes, que perseveran en sus objetivos y que ningún título les va a impedir llegar a su meta. Algunos nacen con estrella y otros estrellados, algunos nacen en una nube de algodón y otros en las calles, y todos, sin excepción, tienen las mismas posibilidades. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor. ¿Cuantas personas de las que te rodean tienen títulos universitarios y acaban trabajando en una profesión completamente distinta? ¿No será que nuestros progenitores querían algo para nosotros? ¿No será que ni tan siquiera nosotros mismos sabíamos lo que queríamos?

Llegamos a la edad adulta sin saber realmente lo que queremos ser en esta vida. Hagámonos una sencilla pregunta: realmente, ¿qué queremos hacer?, ¿a qué nos queremos dedicar? La gran mayoría de nosotros contestará: ”no lo sé, no tengo ni idea”. Nos quedaremos pensativos un buen rato y contestaremos que queremos trabajar menos horas, que queremos un trabajo mejor, vivir frente al mar, comprar otro coche, que nos asciendan o cobrar más dinero e irnos de vacaciones a un crucero o a un todo incluido. Pero no diremos que queremos ser físicos, cantantes o escritores, porque nosotros mismos nos hemos puesto muros y seguimos pensando que aquello que realmente queremos ser, es imposible, que no tenemos las certificaciones, que nos faltan títulos. Desempeñamos el primer trabajo que nos ofrecen, aunque no sea nuestro fuerte y odiemos el oficio, ¿por qué? Porque hay necesidad, porque es lo que nos han impuesto, porque hay que trabajar para pagar y lo que prevalece es la supervivencia y el bienestar de los nuestros. Sin darnos cuenta estamos metidos en un círculo del que no podemos salir, donde nos encontramos atrapados en el sistema del consumo, como buena oveja en su rebaño.

Y es que… ¿qué es lo que nos impide desempeñar la profesión que siempre hemos querido realizar? Pensemos en lo primero que nos piden para cualquier trabajo: “el nivel mínimo de estudios”. Por muchos idiomas que hables, por más experiencia que tengas, si tu sueño es trabajar en un hotel o en un aeropuerto y no tienes el título de turismo, te rechazan sin tan siquiera darte una mínima oportunidad, te ponen la etiqueta de NO VÁLIDO por el mero hecho de no tener el tan preciado papel, y por esa regla de tres, hay muchísimas personas que ni lo intenta. ¡Ahí es donde la gran mayoría se equivoca! ¡SI HAY OPORTUNIDADES! Si realmente esa es la profesión para la que has nacido, tienes constancia y perseveras, encontrarás el medio de conseguirlo. Siempre hay puertas abiertas, aunque no lo creas. ¡Que ningún papel te detenga en lo que tú crees! ¡Que nadie te diga que no vales y te infravalore por ello!

Somos lo que la sociedad quiere que seamos, poniéndonos etiquetas de VÁLIDO o NO VÁLIDO, ofreciendo títulos a diestro y siniestro de nuevas especialidades tan sólo para que nos equiparemos entre nosotros y desatar la competitividad agresiva entre los seres humanos.

Hay una escuela en Rajastán (India) en la que no se dan certificados ni licenciaturas, se llama “La escuela de descalzos”, creada por Bunker Roy y en la que prevalecen las capacidades innatas de los seres humanos. En esta escuela no importa que seas analfabeto para levantar un edificio o hacer una instalación solar, y donde un profesional es la combinación de fe y confianza.

Quiero también citar a uno de tantos ejemplos de personas como tú y como yo que se formaron a sí mismas, seguidas por una vocación. Michael Faraday es considerado uno de los científicos más influyentes de todos los tiempos, y ¿adivina qué?, NUNCA TUVO EDUCACIÓN REGLADA. Trabajó en una fábrica de encuadernación de libros, y fue allí donde adquirió los conocimientos necesarios para sus logros, tras leer innumerables escritos sobre ciencia. Quedó tan impresionado, que enfocó su futuro hacia este campo y solicitó un trabajo como asistente del mejor científico de Londres por aquella época, Humphrey Davy, y, ¿cómo no?, fue rechazado por no tener los estudios pertinentes. Michael no cesó en su empeño, y tras un año insistiendo, consiguió trabajo donde pudo desarrollar todo el potencial que llevaba dentro, y gracias a él, hoy podemos disfrutar de: la inducción electromagnética, el motor eléctrico, el generador eléctrico, el mechero Bunsen y la galvanización, entre muchos otros.

Con este ejemplo quiero impulsar a las personas que tienen un don y que han sido rechazadas por no tener las certificaciones pertinentes, para que sigan adelante con la cabeza bien alta, que no se dejen infravalorar, que sean persistentes, y ante todo, que no cesen en el empeño de perseguir sus sueños.

Beatriz Vidal Cortijo es quiromasajista especializada en digito-puntura y masaje thailandes, Maestra Reiki y escritora. Beatriz es la autora de la novela "Visiones de un destino". Ésta es una novela conmovedora, escrita con un estilo fluido, ágil y verosímil, cuyos ingredientes son intriga, aventura y erotismo.
Beatriz Vidal Cortijo
Ver todos los artículos de Beatriz Vidal Cortijo
Conocer más sobre Beatriz

Comentarios