LA INFINITA FAMILIA UNIVERSAL

10/12/2012
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Los nuevos ciudadanos del universo.

Hola, amigos lectores. En esta oportunidad daremos cierre al ciclo iniciado hace tres artículos, donde establecimos los pilares fundamentales del nuevo mundo. El individuo, como pilar fundamental; luego, en segunda instancia, la familia, núcleo donde se desarrolla el individuo como ciudadano de la sociedad; y en tercer lugar, la gran familia humanidad, allí la interacción es planetaria y su magnitud abarca el total de la raza humana.

Aún estamos dando los primeros pasitos para convertirnos en la gran civilización que debemos ser, aquella en la que las partes que intervienen e interactúan dinámicamente entre sí, lo hagan de manera armoniosa y en igualdad de condiciones, porque TODOS SOMOS UNO. Entender esa premisa y convertirnos en la GRAN FAMILIA HUMANIDAD nos dará un título que es nuestro por destino, el de Ciudadanos del universo con pasaporte a las estrellas. Suena descabellado para el común de las personas. Para quienes van todos los días al trabajo, cumplen su jornada de 4, 6 u 8 horas, y se van a la casa planificando el día siguiente. O para aquellos que llevan el destino de las naciones actuales, que planifican todo un año de economía, de infraestructura, salarios a pagar, planes por realizar; todos sumergidos en la cotidianidad del sistema, sin intuir que somos algo más, que en nuestra composición genética está la firma divina que nos da el don más grande que jamás podremos perder u olvidar: el de ser integrantes de la familia universal.

Hemos sido egoístas con nosotros al pensar que somos la única creación del universo. Si tan solo somos “una diezmillonésima de billonésima de billonésima de billonésima”, como plantea J.J. Benitez (al que entrevistábamos en Serendipity in the Way en el número de octubre – ver entrevista) en su libro “Mágica Fe”. Tenemos 5 horas de edad con respecto al universo, somos bebés con un gran don, dando nuestras primeras bocanadas de oxigeno, adaptando nuestros pulmones existenciales para, poco a poco, estar listos para cumplir la tarea que se nos asignó e inscribió en nuestro ADN; para ir a las estrellas, a otros mundos a interactuar con otros habitantes, otras razas, otros seres. No estamos solos en el universo. Sería realmente un desperdicio de espacio, si solo hubiera vida en la mota de polvo que es La Tierra. Hay 100.000 millones de estrellas en nuestra galaxia, 100.000 millones de galaxias en el universo, 100.000 universos en el supra universo, y hay 7 supra universos en el gran macro universo (basado en los textos del “Libro de Urantia”, que son esquematizados en el libro “el testamento de San Juan” de J.J. Benítez). Si aplicamos estos números a la ecuación Drake, planteada por el astrónomo norteamericano Frank Drake para cuantificar las posibles civilizaciones avanzadas, el ordenador más avanzado del mundo colapsaría tratando de dar el resultado.

Al Ver la majestuosidad del TODO, nos damos cuenta de nuestro lugar, y de nuestra visa de CIUDADANOS DEL UNIVERSO. Cuando la tengamos, viajaremos a lugares insospechados; veremos los espectáculos que nos ofrece el cosmos a cada instante, en el primer asiento de la fila: soles morir y nacer, agujeros negros, sistemas solares con dos o más soles, planetas tierras 10, 20 y hasta 100 veces más grandes que el que habitamos; nos sentaremos en una mesa con 10 civilizaciones diferentes o más, a discernir sobre cómo han evolucionado y cuál es el rol a cumplir de cada una; crearemos mundos; ayudaremos a otras civilizaciones que estén pasando por lo que, en ese entonces nosotros ya habremos pasado, y que experimentamos en la actualidad.

Ser CIUDADANOS DEL UNIVERSO será el próximo salto evolutivo de la humanidad. Despertar y encontrar dentro del individuo nuestra divinidad será el inicio de la mejor era de la humanidad. Nuestro impulso y nuestra vista estarán puestos en el universo, y nuestro destino será cumplir la asignación que nos dio DIOS: “ser hijos de la luz”.

Gracias a Dios y a todos ustedes, los lectores, que apoyan a la revista.

Bibliotecologo graduado de la Universidad Central de Venezuela, pequeño empresario, astrónomo e investigador autodidacta, aficionado a los deportes, amante del mar, de la montaña, del buen cine y de la vida en todo su contexto.
Jose Linares
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