ENTREVISTA A JOSE LUIS ESCORIHUELA (ULISES)

· ¿Cuándo y por qué decide un día José Luis Escorihuela convertirse en Ulises? ¿Fue un paso difícil?

A lo largo de mi vida, he tenido varios apodos, ya que José Luis es un nombre muy común entre las personas de mi edad. Ninguno de estos apodos significó nada para mí, hasta que un día, hará unos 10-12 años, una amiga empezó a llamarme Ulises, porque según ella, estaba siempre viajando de un lado para otro del mundo, siguiendo eventos encaminados a la construcción de un mundo mejor, que ella identificaba con Ítaca. Me gustó la idea, me gustó el nombre, y lo asumí como parte de un proceso de cambio profundo en el que estaba inmerso. No fue fácil, no lo es tener dos nombres y no saber muy bien cuándo responder, pero poco a poco, Ulises empezó a ser dominante, enterrando prácticamente mi antiguo nombre. Ahora estoy en una nueva fase de recuperación de José Luis, que utilizo para firmar artículos y escritos, mientras mantengo Ulises para todo lo demás.

 

· ¿En qué proyectos estás actualmente más involucrado? ¿En qué medida te resulta difícil compaginarlos con tu vida personal?

En mi vida actual hay dos grandes campos de acción. Uno lo he llamado ‘el aprendizaje de la convivencia’ y tiene que ver con mi trabajo como facilitador de grupos. Además de mis trabajos puntuales como facilitador, desde hace años, ofrezco un curso de formación, de un año de duración, en el que enseño a la gente técnicas y habilidades para ayudar a los grupos a mejorar sus procesos internos y sus estructuras organizativas. También es un curso de transformación personal, pues para ser facilitador se necesita adquirir un montón de nuevas habilidades que nos hacen replantearnos quiénes somos y cómo hemos funcionado en nuestra vida hasta este momento.

El otro campo de acción tiene que ver con el Diseño para la Sostenibilidad, un programa de educación para la sostenibilidad creado por una ONG internacional llamada GaiaEducation (www.gaiaeducation.net), formada por personas de gran experiencia en diferentes ámbitos y que viven o han vivido durante muchos años en ecoaldeas de todo el mundo. Hace años que participo en el movimiento de ecoaldeas, tanto a nivel nacional, donde he sido miembro fundador de la Red Ibérica de Ecoaldeas (RIE, www.ecoaldeas.org), como a nivel internacional, como colaborador activo de la Red Europea de Ecoaldeas (GEN-Europe, www.gen-europe.org). Desde el movimiento de ecoaldeas, surgió hace algunos años GaiaEducation, con una propuesta holística para el diseño sostenible de comunidades y organizaciones, que fue respaldada por UNITAR (la agencia de Naciones Unidas para la formación y la investigación), y que actualmente forma parte de la Década de la ONU para la Educación en Desarrollo Sostenible. Esta propuesta consistía en un programa formativo al que se le dio el nombre de EDE (Educación para el Diseño de Ecoaldeas) y que actualmente se ha transformado en GEDS – GaiaEducation Diseño para la Sostenibilidad, al querer incluir no sólo a las ecoaldeas, sino a todo tipo de comunidades y organizaciones. La aproximación de GaiaEducation a la sostenibilidad se basa en cuatro dimensiones básicas de la actividad humana: social, económica, ecológica y cultural/espiritual. Es precisamente esta última dimensión, que habla de valores y de conexión profunda con la naturaleza y con el misterio de la vida, la que hace diferente el enfoque holístico de GaiaEducation.

 

· Háblanos más en detalle de uno de estos proyectos (el que veas más interesante por el entorno de la revista; yo creo que puede ser el de formación para la sostenibilidad).

GaiaEducation está ofreciendo cursos intensivos de diseño para la sostenibilidad, de 3-4 semanas de duración, en más de 30 países diferentes, incluido España. También, ofrece cursos en colaboración con diferentes universidades e instituciones académicas. Yo soy el promotor y coordinador del curso GEDS que se ofrece en línea como curso oficial de posgrado de la UniversitatOberta de Catalunya, UOC, (http://www.uoc.edu/masters/esp/web/…). Estamos ya en la cuarta edición y por el curso han pasado más de 100 estudiantes en español y otros tantos en inglés. En cuanto a los cursos intensivos, el año pasado hicimos uno en Mallorca y este año que viene esperamos hacer otro en Almería.

Por otra parte estoy impulsando diversos cursos intensivos en diferentes países latinoamericanos, como Chile, Colombia, Argentina y Bolivia. La idea es crear una red de personas con una formación en diseño sostenible integral que puedan dirigir proyectos de diseño comunitario (ecoaldeas, ecobarrios, ecopueblos, etc.) y organizacional (ecoempresas y ecoorganizaciones), o que puedan legislar desde las diferentes administraciones públicas para que estos proyectos sean posibles. A esta red latina la estamos llamando Educación Gaia, http://educaciongaia.ning.com. Todavía está en fase de formación.

 

· ¿Cómo ves el panorama actual del mundo de las ecoaldeas? ¿Se trata de la respuesta más universal y con más futuro que podemos encontrar hoy día? ¿Qué hay de otras opciones como, por ejemplo, el Cohousing?

Después de muchos años de difundir el modelo de las ecoaldeas, hemos visto que su número no ha crecido tanto como se esperaba. Las dificultades son muchas, entre otras, el precio del suelo y las trabas administrativas. Sin embargo, la dificultad mayor es la falta de experiencia que tenemos los seres humanos en proyectos cooperativos igualitarios, donde no hay jefes y hay que decidir entre todos por igual. Sin los conocimientos adecuados, muchos proyectos ecoaldeanos fracasan por los conflictos en los que se ven envueltos. De ahí, la necesidad de promover la facilitación de grupos, igual que se ha promovido la permacultura o el uso de energías renovables en los proyectos comunitarios.

Con todo, mi experiencia me dice que no vamos a ver muchas más ecoaldeas en el futuro, al menos no en el sentido de comunidades intencionales de nueva creación. Tampoco tendría sentido. Ya hay mucho construido y no parece necesario construir mucho más. En la actualidad el movimiento de ecoaldeas apuesta más por consolidar las ecoaldeas existentes, como laboratorios de experimentación y centros demostrativos a los que la gente puede acudir para formarse en los diferentes campos de la sostenibilidad y la vida comunitaria, para después volver a sus pueblos y ciudades y aplicar en ellas lo aprendido. No es necesario crear muchas ecoaldeas, pero sí, es urgente convertir los pueblos y ciudades existentes en modelos de vida más sostenibles. Es aquí donde entra el movimiento de Ciudades en Transición, con el que las ecoaldeas estamos colaborando estrechamente. Desde ambos movimientos surge una propuesta conjunta de impulsar asentamientos sostenibles, sean ecoaldeas, ecobarrios, ecopueblos o ecociudades, y de hacerlo con una visión holística e integral de la sostenibilidad, como la que ofrece GaiaEducation.

[No comentaré nada acerca del Cohousing, porque no es relevante en esta explicación. La idea de ecobarrio es más interesante].

 

· ¿Qué propones para el ciudadano de a pie que sabe que algo hay que cambiar, pero no está metido “en estos líos” y está en un entorno familiar convencional?

Es difícil cambiar en épocas de prosperidad y casi obligatorio en épocas de crisis. La actual crisis económica ofrece, en este sentido, una oportunidad única para iniciar cambios hacia otro modelo de vida. Lo más evidente y fácil es introducir pequeños cambios de tipo ecológico en nuestro estilo de vida, sobre todo en el uso de agua y energía, reduciendo el consumo en casa o en el trabajo, utilizando el transporte público o no motorizado, o comprando electricidad a empresas que la ofrecen de producción renovable. También es útil consumir alimentos de producción local y ecológica, y llevar una dieta sana.

Poco a poco, vamos a ir viendo nuevas opciones en el tema económico. Además de poner nuestros ahorros en la banca ética, podemos apoyar directamente proyectos que nos interesen, a través del ‘crowdfunding’ o de la financiación solidaria. Los mercados de intercambio y las monedas complementarias van a crecer en los próximos años, en los que se va a hacer más evidente la falta de euros en los bolsillos de la gente. Y ante la falta de empleo, ¿qué mejor oportunidad para olvidarse para siempre de los trabajos abusivos y mal pagados y empezar a crear cooperativas que ofrezcan productos y servicios de calidad a comunidades locales cada vez más concienciadas? El modelo de la Cooperativa Integral Catalana, (http://cooperativa.cat/es) se está replicando en diversos lugares con desigual éxito, pero seguramente, seguirá creciendo o inspirará propuestas similares mejor desarrolladas.

Costará un poco más convencer a la gente de que abandone viejos patrones de conducta en sus relaciones personales y grupales. Con todo, cada vez hay más gente interesada en aprender a comunicarse mejor, con mayor asertividad y empatía; en tomar decisiones de una manera más armónica y consensuada; en mejorar sus procesos grupales para dar cabida a todas las voces; o dispuesta a compartir el poder en beneficio del colectivo. Todo esto forma parte de un cambio importante en nuestros hábitos de relación social, que ya está a nuestro alcance. Desde la psicología social, la dinámica y la facilitación de grupos nos llegan herramientas, técnicas y propuestas para mejorar nuestras habilidades relacionales y nuestra participación en procesos grupales de diversa índole, en la familia, con los amigos, o en las asociaciones y grupos de los que formamos parte. Por último, cabe esperar igualmente un cambio importante de valores, especialmente en relación con el individualismo y el materialismo de la sociedad actual. El individualismo supone competición, egoísmo, separación, independencia, esfuerzo individual, etc. Podemos empezar a cambiar todo esto, promoviendo valores como la cooperación, la comunidad, el respeto por lo diferente, la interdependencia, la conexión con la totalidad, etc. Por su parte el materialismo supedita la felicidad a la posesión de bienes materiales, con todo lo que ello supone en cuanto al alejamiento de la naturaleza y de la espiritualidad. Muchas personas empiezan a darse cuenta de que la acumulación de bienes materiales no aporta más felicidad y se muestran más solidarias con quienes no tienen lo mínimo para vivir dignamente. En lugar de acumular riqueza, mejor ganar amigos y fomentar redes sociales de apoyo en las que compartir lo que tenemos y satisfacer necesidades básicas del ser humano, como la pertenencia, el reconocimiento o la realización personal.

José Luis López de Ciordia
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