CULTURA DE COOPERACIÓN

En multitud de ocasiones, hemos manifestado apoyar la “Nueva cultura” de compartir, en lugar de la de aferrarse a las posesiones propias, cooperar con los demás, por encima de competir con ellos; compartiendo además el conocimiento, de forma que beneficie a todos. Esa cultura, que en realidad no es nueva, sino que está intrínsecamente conectada con nuestra naturaleza, ha sido relegada a lo largo de la historia a un segundo plano; ya que hemos estado guiados, sin duda, por temores, recelos y desconfianza hacia los demás.

Estos conceptos quedan muy bien cuando se manifiesta en una tertulia, un café, con unas cervezas, con los amigos… Pero ¿hemos considerado también ponerlo en práctica en nuestra vida cotidiana? Porque cuando decidimos aplicar las ideas que mantenemos a nivel dialéctico en el terreno de lo práctico y cotidiano, éstas ganan una nueva dimensión, ineludiblemente.

Y ahora, permitidme que os cuente una pequeña historia…

Corrían los años 80. Unos cuantos locos utópicos informáticos pensaron que, contrariamente a la idea de elaborar utilidades informáticas (aplicaciones) que fueran un absoluto secreto industrial para los demás, podían conseguir que su producto fuese mejor y mejor, si los demás podían acceder a ese código con el que estaba construido (algo así como “los detalles de la receta”, si estuviésemos hablando de cocina), y podían redistribuirlo y mejorarlo; eso sí, manteniéndolo en ese estatus de “producto libre y abierto”. Sin miedo al otro; compartiendo su trabajo y poniéndolo al alcance de la competencia; confiando en que las sucesivas aportaciones y mejoras podrían hacer evolucionar ese producto exponencialmente; generando una sana competitividad, cimentada en la cooperación (en el mundo hay miles de programadores y desarrolladores que colaboran en red). Y nació el Software Libre. El detonante se produjo cuando un programador, Richard Stallmann, se dio cuenta de que no podía hacer nada con la impresora que en ese momento tenían en la oficina, ya que el fabricante no estaba dispuesto a hacer unas modificaciones en la programación de la misma, las cuales eran necesarias para la funcionalidad que ese trabajo precisaba. Dicho fabricante se negó incluso a que ellos mismos hicieran las modificaciones necesarias, al no facilitarles el código de programación empleado en ella. Richard Stallmann entendía que su mundo informático sería más flexible y dinámico si no se dependiese de los caprichos de un fabricante, y si cualquier otra persona (que fuera también especialista en el tema) pudiese acceder al código que hacía posible el funcionamiento de aquellos productos.

Esta idea quedó como algo absolutamente minoritario; sin duda, eran tiempos en los que costaba pensar que algo así podría salir adelante. Hoy día, contra todo pronóstico, aquella loca idea no sólo no ha desaparecido, sino que sigue creciendo y desarrollándose, consiguiendo productos que se han ganado un renombre entre el público; no ya por su carácter de “producto libre y abierto”, sino incluso, por su eficiencia funcional como producto.

Hablamos de muchas de las aplicaciones que habitualmente el gran público desconoce su condición de software libre. Contamos, como uno de los “productos estrella”, con el navegador de internet Firefox. También están las suites ofimáticas LibreOffice y OpenOffice y el editor de textos extensos LyX. Sin olvidar el reproductor multimedia VLC, el fantástico reproductor de listas musicales Clementine, el editor de audio Audacity… y también el editor de imágenes y fotos Gimp.

Incluso hablamos de la posibilidad de disfrutar, no sólo de utilidades sueltas, como hemos mencionado en el párrafo anterior, sino de un sistema operativo completo. El conocido como Linux (GNU/Linux lo llaman los más puristas) que, si bien en sus principios la complejidad de uso de este sistema era muy considerable, hoy día, ha evolucionado a unos niveles en los que es utilizable, prácticamente, por cualquier usuario; resultando incluso más sencillo que un sistema Windows. Eso sí; debido a su carácter de libre y abierto, precisamente hay, no uno solo, sino varios proyectos diferentes que se dedican a ofrecer un sistema operativo completo en estas condiciones. Queda a la elección del usuario (o de aquel que se lo ofrezca) determinar si se utiliza uno u otro. Podemos decir que, hoy día, el sistema más conocido mundialmente bajo esta fórmula es Ubuntu; aunque también es muy adecuada, para un usuario totalmente nuevo, la opción de Linux Mint o incluso, Mageia. Y otras opciones como Debian, Fedora y OpenSuse quedan ya para usuarios intermedios, con un cierto nivel de experiencia. Después, para auténticos “gurús de la informática” quedan otros proyectos, como Slackware, Arch Linux o Gentoo.

¿Qué son y cómo funcionan estos proyectos que estoy mencionando en este último apartado? Son el mejor ejemplo para ver cómo funciona todo este entramado de compartir conocimiento, interdependencia y colaboración.

Vamos a explicarlo brevemente.

Primero lo explicaré con el símil de la cocina y las recetas, y después ya lo expondré más directamente.

Imagine que usted tiene un restaurante, y quiere realizar buenos menús y las mejores combinaciones nutricionales y de sabores que puedan realizarse para relanzar su restaurante. Y se pone a recopilar recetas que otros ponen libremente a disposición de la gente, a través de su página web. Usted las adapta para el tipo de público que sabe que tendrá en su restaurante e informa a quienes elaboraron las recetas originariamente qué adaptaciones ha hecho usted; de forma directa, aunque también poniendo dichas adaptaciones en libre acceso por internet. Puede que alguna de estas adaptaciones resulte interesante para ellos, y que incorporen estas modificaciones en la receta original. Esta receta original ya irá evolucionando por sus propuestas y las de otros que, como usted, aportaron su saber y experiencia a aquellas buenas recetas originales. Incluso podrá ocurrir que alguien quiera abrir un restaurante como el suyo, pero orientado a un tipo de público más específico; puede que tome también las recetas que usted ha estado adaptando, y a su vez, les dé su propio enfoque de forma que resulten más atractivas para ese otro tipo de público. También se lo notificará a usted (o usted tendrá libre acceso a esas modificaciones), que podrá incorporar aquellas mejoras que considere interesantes para usted; y usted a su vez, a los propietarios de las recetas originales… Pues ellos tendrán igualmente acceso a las modificaciones que, tanto usted como el resto de restaurantes, están haciendo con su receta original. Un auténtico ejemplo de crecimiento y desarrollo exponencial, en cascada, en un claro ejemplo de lo que supone trabajar de forma interdependiente.

Es importante aclarar que, para que todo ese supuesto anterior pueda funcionar de forma fluida y transparente, se supone que nadie debe interrumpir ese proceso, y tras hacer modificaciones en una receta libremente accesible, el resultado ha de ser accesible en las mismas condiciones.

Ahora ya, eso mismo lo vemos transportado al tema informático real. Cualquiera de estos proyectos que buscan desarrollar y ofrecer un sistema operativo completo en condiciones de software libre (por ejemplo, el Proyecto Debian), recopilan las herramientas que quieren ofrecer, que ya hay disponibles. Buscan procesadores de texto, herramientas multimedia, navegadores de internet, etc…, que sean consideradas como software libre, que alguien externo al Proyecto Debian esté desarrollando. Por ejemplo, centrémonos en que deciden ofrecer la aplicación ofimática LibreOffice. Como ésta es software libre, ellos toman el código con el que LibreOffice se hace, y realizan las adaptaciones que ellos consideran que son necesarias para que funcione bien en el sistema operativo que ellos van a ofrecer. Estas mejoras y adaptaciones también son software libre, con lo que la gente que desarrolla LibreOffice puede incorporar esas mejoras al “producto inicial”. De esa manera, aquellos cambios que quienes hacen LibreOffice decidan incorporar estarán a disposición de otros proyectos que, al igual que Debian, decidan incorporar esta utilidad en su sistema. Y así sucesivamente. Este proceso hace que LibreOffice pueda recibir mejoras continuamente. Incluso hay más. Como estos proyectos que construyen sistemas completos (son conocidos como Distribuciones GNU/Linux, y a partir de ahora en el artículo nos referiremos a ellos como Distribuciones) son en sí mismos Proyectos de Software Libre, son enteramente adaptables y modificables por terceros. Así, tenemos el ejemplo de Ubuntu, que toma todo el código de desarrollo de Debian y crea con él un sistema operativo que está más orientado al usuario final y doméstico de lo que lo estaría un Sistema Operativo Debian.

Habitualmente, se me pregunta si todo esto es tan altruista y generoso como parece; si no habrá un intento de un “gran negocio”, detrás. Pues bien, como no hay un sólo proyecto, sino que se trata más bien de un ecosistema de proyectos interdependientes, está claro que no hay un “gran negocio”, sino muchas y diversas visiones y motivaciones que hay en cada proyecto. Los hay con un marcado sentido comunitario, como Debian; el Proyecto Debian está constituido en su totalidad por voluntarios. Hay otros, como Ubuntu, que están desarrollados y soportados por una empresa, en este caso, Canonical; ellos consideran que no son incompatibles los ideales de transparencia y cooperación con un intento de vivir económicamente de la mencionada actividad. En ningún momento se habla de que se deba pagar o no, por estos productos; sólo de que sean redistribuíbles, transformables (quedando en las mismas condiciones el nuevo producto adaptado) y se pueda acceder al código con el que se han hecho. De forma que el usuario final siempre tendrá un Proyecto de Software Libre que se adapte a su filosofía personal mejor que otros.

También se pregunta mucha gente, qué beneficio puede dar todo esto. Aquí también hay múltiples respuestas, dependiendo de cada caso.

Por ejemplo, en el anterior caso que he citado de la empresa Canonical (que elaboran el sistema operativo Ubuntu) dejan que su fuente de ingresos venga, no por el producto en sí, sino por servicios asociados al mismo (formación, certificación, soporte de asistencia, servicios de almacenamiento en la nube, merchandising…).

También está el caso de la empresa Red Hat, que, si bien su forma de conseguir ingresos es un tanto diferente, igualmente se basa en la idea de cobrar por servicios asociados al producto, en lugar de por la venta del producto en sí.

Igualmente, hay casos de proyectos dentro de este “ecosistema” que son fundaciones, y se financian a través de patrocinadores y donaciones diversas. Entre ellas, podemos nombrar a la Fundación Mozilla (desarrolladores del navegador de internet Firefox) y The Document Foundation (desarrolladora de la suite ofimática LibreOffice).

Y, ¿como no?, también hay multitud de voluntarios que colaboran en todo esto sin percibir ni un euro. ¿Qué puede hacer que alguien participe de forma totalmente voluntaria? Pues de nuevo, multitud de razones: querer aportar algo por haber recibido gratis tales herramientas, deseo de formar parte de una comunidad, ganas de aprender y hacerse un currículum profesional, espíritu de voluntariado, ganas de hacer algo “por gusto” sin presiones laborales…

Como puede ver, nada que sea la panacea ni tampoco algo que haga gente “perfecta”. Todo esto se lleva a cabo por personas como usted y como yo, que un día entendieron que era una filosofía interesante, por la que valía la pena apostar. Independientemente de que estén sujetos a contradicciones y limitaciones como el resto de los mortales. Nos muestran cómo pequeñas decisiones, como utilizar un sistema u otro en nuestro ordenador, pueden contribuir a respaldar una filosofía u otra; una manera de entender el trabajo y la cooperación; una forma de entender, en definitiva, la interacción con los demás en temas muy, muy concretos. Porque cuando concretamos, es cuando damos forma real a nuestros sueños. ¿Se animan a intentarlo? ¿O prefieren que sigan siendo sólo sueños en abstracto?

Enlaces de interés:

http://es.wikipedia.org/wiki/Software_libre

http://www.planetautopia.org/contenido/nuevas-tecnologias/ordenador

http://doc.ubuntu-es.org/Empezando

http://fedoraproject.org/

http://www.cenatic.es/

José Luis López de Ciordia
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