CAMINO A LA MADUREZ

30/03/2018
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Han pasado ya cinco años desde la última publicación que hicimos en Serendipity in the Way. Durante estos años, cada uno de los autores que escribíamos habitualmente en la revista hemos ido viviendo diferentes experiencias que sin duda alguna nos han ido trasformando; a unos más que a otros, a unos en una dirección, a otros en otra. Nuestro paso por esta experiencia que llamamos vida parece tener como fin nuestra propia evolución, el crecimiento de cada uno de nosotros, nuestra elevación hacia estados más elevados de consciencia. Pero lo cierto es que, en no pocas ocasiones el cambio es más superficial de lo que realmente llegamos a reconocer. Y en este punto y con este sentido mi primer artículo en nuestra nueva etapa de la revista estará enfocado en esta dirección. Trataré un tema que para mí hoy es de vital importancia en el desarrollo personal: la madurez real y la inmadurez adulta. Una inmadurez que a la mayoría de personas que vivimos en este mundo nos ha llevado a poner en manos de otros el devenir de nuestras vidas y que nos lleva sin lugar a dudas a observar aquello que no nos gusta del mundo en el que vivimos desde la desorientación y sin saber realmente a quien o a quienes culpar de ello; a Dios, a los gobiernos, a demonios de traje y corbata, a quien tenemos al lado o a quien pasaba por allí. Pero lo cierto es que para un ser humano maduro y honesto consigo mismo tan sólo existe un responsable…

 

La Infancia nos da forma

Tras años de estudios sobre el funcionamiento de la mente y de cómo ésta se va formando y desarrollando, los científicos han llegado a una conclusión: que es durante los primeros años de vida cuando en nuestros cerebros se van formando las conexiones neuronales que dan forma a nuestra psiquis. Es por lo tanto que durante esta etapa temprana de nuestra experiencia vital se asientan en nosotros muchas de las costumbres, hábitos y creencias que serán las que condicionarán nuestra vida futura. Esto se hace realmente importante cuando descubrimos el patrón que subyace a esta realidad. Nos encontramos con que nuestras experiencias de vida en la infancia marcan lo que viviremos durante nuestra vida futura. Son nuestras creencias las que de una forma u otra dan forma a aquello que se manifiesta en nuestra vida. De este modo repetimos los mismos patrones que dan unos resultados en esencia iguales. Y es al observar resultados similares y pasar una y otra vez por experiencias parecidas que nuestras creencias se van asentando más y más, se van poco a poco fortaleciendo. Un ejemplo de ello puede ser ver a los dos años de edad como un perro muerde a nuestro hermano mayor, entonces en nuestra mente tomará forma la creencia de que los perros muerden a las personas; desarrollaremos un miedo que en un futuro propiciará que esos animales se sientan amenazados ante nuestra presencia temerosa. De esta forma lo más probable es que en el futuro experimentemos situaciones en las que estos nos ataquen. Esto sin duda fortalecerá nuestra idea del peligro que entrañan esta clase de animales y nuestras experiencias irán marcadas en esta línea agravándose y retro-alimentándose. Mientras sigamos con esta creencia nuestras experiencias se repetirán una y otra vez. Pero lo realmente grave es que “lo que no mejora empeora”, y siendo así esto así si no logramos liberarnos de estas experiencias nuestras creencias se fortalecerán y se intensificarán cada día más. Es entonces cuando entramos en un círculo vicioso: “como lo creo, lo creo, y como lo creo, lo creo”. Dicho de otra forma sin que parezca un trabalenguas: “como lo creo en mi interior, lo re-creo en mi vida y al re-crearlo en mi vida, mi creencia se vuelve más y más fuerte haciendo cíclica la situación”.

 

Dependencia

Desde mi punto de vista está claro que el ser humano tiene un poder “misterioso” sobre cómo se desarrolla su vida. De una forma u otra somos los que a través de nuestras decisiones conscientes o inconscientes provocamos diferentes escenarios. Este poder es habitualmente opacado por un sistema que promueve la inconsciencia de cada individuo alejándole de su propio poder creativo. Desde que nacemos estamos dirigidos hacia un estado donde se nos hace muy difícil reconocer el poder interior que habita en nosotros, al tiempo que se fomenta en nosotros la dependencia. Así empezamos a buscar fuera lo que en realidad está dentro. Buscamos las respuestas en la religión, en seres superiores, en ángeles, representantes de lo divino y de lo humano, en nuestros padres, en los gobiernos, en nuestros mayores, en nuestros amigos, en nuestras parejas, en nuestros jefes, etc. Siempre tratando de encontrar más allá de nosotros mismos el sentido de lo que sucede .

Si observamos la sociedad que hemos creado podemos ver cómo hemos creado sistemas económicos y sociales que promueven que el ser humano ponga la responsabilidad de su vida en manos externas. Éste es un patrón que puede verse con claridad si reflexionamos sobre él tomando la necesaria distancia. Cuando nacemos dependemos por completo de unos padres que nos alimentan y que nos dan forma a través de una mal llamada educación. El fin de esta llamada educación es, en vez de permitirnos ser y descubrir la enorme sabiduría que habita en nosotros, impedir que conectemos con nuestro interior y que por el contrario seamos fieles a un sistema de creencias e ideas que en realidad ha sido generado fuera de nosotros. Si nos revelamos nos hacen sentir que algo va mal en nosotros; la familia y la sociedad nos castiga; nos hacen sentir perdidos. Acabamos interiorizando que nuestro ser está estrechamente ligado al hecho de encajar con un mundo que está fuera de nosotros y que con frecuencia tenemos que aprender a sentirlo como propio. Con el paso del tiempo dejamos atrás nuestras primeras etapas y lo hacemos mostrando un nivel de dependencia realmente peligroso. Ponemos en manos de otros, de la ciencia, de maestros, de organismos educativos o de los gobiernos nuestra formación académica sobre la que se basará gran parte de lo que seremos en el futuro. Todavía no hemos dejado de depender de nuestros padres y ya estamos estableciendo nuevos y peligrosos vínculos dependientes.

A lo largo de nuestra vida acabamos dependiendo de tantos agentes que están fuera de nosotros que es prácticamente imposible alcanzar una madurez real y un nivel de independencia y empoderamiento desde el que se de un crecimiento real. Nos han enseñado con tal fuerza e insistencia que el poder habita fuera de nosotros que siempre que las cosas van mal buscamos responsables donde en realidad no los hay. Y claro, cuando alguien trata de buscar la raíz de un problema donde no se encuentra difícilmente puede darle solución, más cuando se presupone que la raíz está fuera de nuestro área de acción. Pero por difícil que parezca podemos liberarnos de esta esclavitud y liberar todo nuestro poder.

 

La Liberación

Sólo existe un camino que nos lleva a liberarnos del engaño en que hemos estado inmersos durante años, es el camino de la consciencia y la madurez real y adulta. Aquella consciencia que nos lleva a ser honestos y entender que todo lo que hay fuera no es sino el resultado de lo que cada uno de nosotros llevamos dentro. Entender esto es entender el porqué de lo que sucede a nuestro alrededor, es entender lo que sucede en nuestras vidas, es comprender que todo aquello que experimentamos aún no siendo del todo claro empieza y termina siempre en nosotros. Nadie puede solucionar un problema cuando no es consciente de él, de la misma forma que nadie puede buscar un solución y actúa sobre aquello que cree que es la causa pero en realidad no lo es.

Nos han estado tanto tiempo haciéndonos ver que dependemos de los demás, y lo tenemos tan interiorizado que hemos tomado por costumbre creer que todo lo que sucede tiene su causa en el exterior. Nosotros como niños inmaduros y frágiles, en vez de darnos cuenta de que esto no es así, nos escondemos tras la idea de un poder creativo que habita fuera de nosotros; de esta forma nos deshacemos de golpe de cualquier responsabilidad dolorosa. Buscamos fuera un culpable cuando en realidad no existen culpables, sólo responsables y estos no son otros que nosotros mismos.

Rompamos con la creencia de algo puede estar por encima de nosotros mismos, no es así, al menos no de forma natural. El poder es personal, propio de cada uno, pero lamentablemente con frecuencia lo cedemos y lo ponemos en manos de otros. Es ahí cuando aparentemente perdemos todo el poder, cuando aparentemente nos volvemos impotentes pero en realidad éste no es sino un espejismo; en cualquier momento, aquí y ahora, podemos retomar nuestro poder, aceptar nuestra responsabilidad sobre aquello que vivimos y sobre las circunstancias de nuestra vida y liberarnos del yugo que nuestra inmadurez nos llevó a tomar para nosotros. Al hacerlo podremos ver con claridad el camino para liberarnos realmente y dejar atrás al niño temeroso y frágil que va siendo hora trascender. Tal vez no sea una tarea fácil, de la misma forma que no es fácil para alguien que vivió toda una vida de esclavitud recobrar la libertad, pero… ¿ realmente podemos creer que es más fácil ser esclavo que ser libre? Por lo visto así debe de ser porque lo hemos creído durante demasiados años. Te invito a que aquí y ahora nos liberemos y dejemos atrás nuestras cadenas. ¿ Me acompañas?

 

Daniel Sotelino dirige la revista digital Serendipity in the Way, en ella escribe de forma habitual y comparte con todo aquel que así lo desea, su visión personal del universo y su forma de entender la vida. Daniel Sotelino es autor del libro "La Fórmula de la Felicidad". En él comparte la sabiduría encontrada a lo largo de la historia y ofrece las claves para alcanzar esa FELICIDAD con mayúsculas que todos anhelamos en lo más profundo de nuestros corazones.
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